Contractura piramidal

Contractura piramidal

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Tratamiento de las contracturas de la parálisis cerebral

Las alteraciones de la función de destreza de los miembros superiores son una causa importante de discapacidad tras una lesión cerebral adquirida o un ictus, ya que afectan aproximadamente a la mitad de los pacientes de esta población clínica (Jorgensen et al., 1995). La recuperación de la función del miembro superior tras un ictus ha sido objeto de numerosos estudios, tanto desde el punto de vista fundamental como clínico. En las dos últimas décadas, se han propuesto varias intervenciones terapéuticas novedosas (Winstein et al., 2016a). Pero a pesar de los impresionantes avances preclínicos, los resultados de los pacientes en la rehabilitación suelen ser decepcionantes, “con una ciencia interesante que en última instancia resulta difícil de trasladar a la clínica” (Ward y Carmichael, 2020).
En este texto, examinamos las características de la función de las extremidades superiores y la destreza manual que son consecuencias directas de la lesión cerebral y las que resultan de la compensación. Nuestro objetivo es explorar cómo surgen estos procesos contrastados durante el curso de la neurorrehabilitación. Examinaremos las consecuencias de las lesiones cerebrales y el proceso de compensación en tres niveles integradores: el biológico (plasticidad cerebral y vicarianza), el de la función sensoriomotora elemental (patrones sensoriomotores) y el de la actividad (adquisición de nuevas estrategias motoras para alcanzar y manipular objetos) los dos primeros niveles se refieren conjuntamente a la CIF “funciones y estructura corporales”. En particular, insistimos en la contribución de los métodos cinemáticos y cinéticos cuantitativos para una mejor comprensión de estas dinámicas de recuperación y compensación. A continuación, discutiremos algunas implicaciones clínicas para la rehabilitación y algunas perspectivas, con un enfoque específico en el uso de tecnología novedosa en este campo.

Síntomas del síndrome piramidal

La espasticidad y las contracturas son condiciones en las que el desequilibrio muscular en una articulación conduce a una posición anormal y a la tensión. La espasticidad se refiere a la tensión o rigidez involuntaria de los músculos. El término contractura se refiere a la posición anormal de una articulación.
Las extremidades afectadas suelen mostrar una postura anormal que afecta a la función y a veces a la higiene.    En un niño en crecimiento, la espasticidad y las contracturas pueden provocar un desarrollo anormal de los huesos y las articulaciones.
El cuidado de los pacientes con espasticidad requiere un esfuerzo de equipo, con aportaciones del paciente, los cuidadores y los terapeutas. Por lo general, el tratamiento se dirige a mejorar la higiene, las actividades de la vida diaria (función), el dolor y la apariencia.
El tratamiento inicial de la espasticidad incluye un manejo conservador, terapia y entablillado, medicamentos orales (por ejemplo, baclofeno y dantroleno) y medicamentos neurolíticos inyectables (por ejemplo, toxina botulínica y fenol). Estas técnicas suelen intentarse antes de la intervención quirúrgica.
Los objetivos quirúrgicos varían en función de la funcionalidad actual y prevista y de la gravedad de la deformidad.    Los niños con espasticidad presentan un reto único, ya que puede ser necesaria la intervención quirúrgica para permitir un desarrollo óseo, articular y muscular más normal.

Contracciones por demencia avanzada

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Los signos piramidales indican que el tracto piramidal está afectado en algún punto de su recorrido. La disfunción del tracto piramidal puede dar lugar a diversas presentaciones clínicas, como espasticidad, debilidad, ralentización de los movimientos alternativos rápidos, hiperreflexia y un signo de Babinski positivo[1].
La presencia de estos fenómenos está casi siempre relacionada con la hiperreflexia y algunos autores piensan que no se pueden considerar en absoluto como reacciones patológicas[cita requerida] Su existencia en la extremidad inferior es más grave que en las superiores[cita requerida] La razón más común de los fenómenos irritativos es una lesión de una motoneurona central, pero en presencia de hallazgos asimétricos entonces se debe considerar el diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica[cita requerida].

Tratamiento del síndrome piramidal

El sistema nervioso central (SNC) es una compleja red de componentes que permiten a un organismo interactuar con su entorno. Está formado por múltiples partes diferentes, cada una de las cuales desempeña una función distinta. Principalmente, el SNC está formado por las motoneuronas superiores (UMN), que llevan las señales de movimiento hasta las motoneuronas inferiores (LMN), que indican a los músculos que se contraigan o se relajen. En concreto, el tracto piramidal es la vía principal que transporta las señales para el movimiento voluntario. Las lesiones del tracto piramidal pueden tener consecuencias devastadoras, como espasticidad, reflejos hiperactivos, debilidad y el signo de Babinski (acariciar la planta del pie hace que el dedo gordo se mueva hacia arriba). Todos estos síntomas son característicos de una lesión de la neurona motora superior. Sin embargo, algunos síntomas son específicos de una lesión del tracto piramidal[1].
El tracto piramidal surge de las células piramidales de la capa V de la corteza cerebral. En los seres humanos, el tracto piramidal es una de las últimas vías descendentes en desarrollo. Aunque las fibras del tracto piramidal alcanzan la decusación piramidal en la octava semana de la fecundación, el desarrollo real tarda mucho más, y la mielinización completa no se completa hasta los 2 o 3 años de edad. Una multitud de genes guía este proceso de desarrollo. Sin embargo, gran parte de este proceso aún se está investigando y no se conoce del todo[4].